miércoles, 24 de octubre de 2007
Un auténtico milagro
Hoy ha vuelto la lluvia. Ha vuelto sin el ruido de las últimas veces, sin los relámpagos que lo iluminan todo, los que despiertan miedos de la infancia, sin la cuenta atrás, sin el ensordecedor sonido de la tormenta. Ha vuelto callada, con tímidas gotas que se prolongan en el tiempo, con destellos húmedos que empañan los cristales y que te absorven, dejándote hipnotizada con la nariz pegada a la ventana. Hoy ha vuelto la tristeza feliz que provoca la nostalgia bien acogida, esa que reconforta como una manta tras el frío, como una taza de caldo tras un paseo invernal, esa que surge de un paisaje aderezado con las notas de una melodía maravillosa, notas que traspasan la coraza de la piel y se quedan pegadas a tu alma, o a la parte del cerebro que es capaz de rememorar instantes maravillosos, y revivirlos, y palparlos de nuevo ... esa parte que te hace entrar en una ensoñación que rompe el momento y se vuelve real, y forma parte del presente.
Descubrir a Faruk y su Árbol de la paciencia fue descubrir la sincronía entre la vibración que algunas de sus notas provocan en consonancia con ciertos sentimientos de llanto desconsolado y placentero. Leí hace un tiempo que se pensaba que determinados sonidos podían describir a Dios, que durante siglos se ha tratado de encontrar esa vibración, ese sonido que, escuchado por el oído humano, le hiciese sentir que estaba escuchando algo importante, porque su cuerpo recibiría a este como un elemento casi familiar, como una llave magistral que se abriría paso hacia el corazón del ser humano.
No creo que esto se haya conseguido, no al menos para definir el concepto universal que se tiene de Dios, pero creo que en muchas ocasiones se ha rozado la perfección que se le supone a ciertas piezas que se resbalan hacia tu interior, siendo capaces de abrir la caja de Pandora de los sentimientos dejándolos fluir. No creo que esto sea universal, al menos en todos los casos, hay vibraciones musicales que a todos nos afectan, que casi todos coincidimos en afirmar que nos hacen sentir de una manera especial. Otras veces esto no ocurre, son notas que solo afectan a unos pocos, que se siente reconocidos y conmovidos al encontrar, tras un tiempo de búsqueda y soledad, a aquellos que sintieron lo mismo la primera vez que escucharon esas notas. En cualquier caso, más allá de lo que determinada música provoque en nosotros, no deja de parecerme un auténtico milagro que ciertos sonidos entrelazados para formar música tengan la capacidad de alterar nuestro estado de ánimo, de rescatar sentimientos, no ya recuerdos, que no dejan de ser retazos de nuestra vida almacenados en alguna parte de nuestro cerebro, hablo de sentimientos vividos que nos hicieron reír, llorar, sonrojarnos, precipitarnos, hablar, escribir, componer, estudiar, soñar ... y que vuelven a invadirnos pudiendo reconocerlos, pero sin dejar de ser tan intensos como lo fueron la primera vez.
Supongo que todo esto, como casi cualquier cosa a día de hoy, tendrá una explicación científica que nos hablará de asociación de conceptos y demás, pero hoy está lloviendo, y a pesar de cualquier explicación lógica, no deja de parecerme un auténtico milagro.
viernes, 19 de octubre de 2007
Mentirosos compulsivos

Hace poco hemos podio leer en la prensa el caso de Tania Head, en realidad Alicia Steve Head, una barcelonesa que se hizo pasar por victima del 11 de Septiembre llevándola su propia mentira a ser la presidenta de la red de supervivientes del World Trade Center. Este tipo de patología en la que la mentira se escribe con mayúsculas es conocida por los especialistas como Pseudología fantástica, una tendencia a mentir compulsivamente propia de personas inteligentes necesitadas de autoestima, que cuantan historias buscando protagonismo en ellas y que, en ocasiones, llegan incluso a creerse.
La mentira es un recurso que todos, en mayor o menor medida, usamos a lo largo de nuestra vida. Mentimos para quedar bien, mentimos por compromiso, mentimos por piedad, mentimos para sacar beneficio, mentimos para colarnos en la cola del banco, del super, para ligar, para conquistar, para desembarazarnos de alguien ... Probablemente la mayoría de las veces no midamos las consecuencias de nuestra mentira, quizá la usemos, sin más, como un recurso para que algo o alguien no cambie nuestros planes, no vemos mala intención en el hecho en sí, quizá porque tampoco este hecho para dañar a nadie. Es cierto que existen mentiras crueles, engaños capaces de hacer mucho daño y que surgen a sabiendas de que eso provocará más de un dolor de cabeza, pero ese tipo de mentiras son más producto de la maldad que de la mentira en sí.
Hace unos años me topé de cara con un mentiroso compulsivo. Su vida, al menos como los demás la veíamos desde fuera, era un inmenso plato soso e insípido, un atracon de lexatines metafóricos que le hacían parecer siempre adormecido y aburrido. Su silueta deambulaba entre nosotros como una sombra callada que hace compañía a base de presentir una presencia que existe pero que no termina de dar señales de vida. Su persona solo se hacía notar de vez en cuando contando historias fantásticas que siempre le ocurrian de manera ajena a nosotros y en lugares y con personas donde no teníamos acceso. Sabíamos que mentía, era algo que todos imaginábamos, incluso en ocasiones hablábamos de ello, sobre todo el día que nos contó que había estado en una boda cuyo invitado de honor había sido el mismísimo Principe de Asturias. Eran mentiras evidentes, evidentes e inocentes que todos aceptábamos porque siempre habían estado ahí, porque escucharlas era la única forma que teníamos, la mayoría de las veces, de escuchar su voz, de que formase parte del estranbótico grupo que formábamos.
Cierto día, de cierto verano que pocos olvidaremos (cada uno por lo suyo), entabló una conversación normal, sin famosos, sin grandes fiestas, sin situaciones rocambolescas. Nos habló de él, de lo que sentía, de lo que vivía. Nos habló de su homosexualidad, algo que todos habíamos supuesto y respetado pero de lo que él jamás había hablado, nos habló de lo especial que era alguien que había conocido y que ahora formaba parte de su vida, nos habló de planes, de gustos ... nos reimos juntos, nos contamos cosas, nos desvelamos secretos y soltamos algún que otro "ya sabía yo" recibido con risas y alguna que otra carcajada.
La historia, esa historia que todos creimos, por fin, y con la que todos nos sentíamos partícipes de su vida se fue trasformando poco a poco en una locura de accidentes de tráfico, chico en coma, una última declaración de amor y llamadas de teléfono cargadas de angustia. Todos fuimos conscientes de que el verdadero drama provenía de la intención por su parte de matar a un fantasma que nunca existió y que esta vez había llevado demasiado lejos. Fuimos conscientes que la trama comenzó el día que alguien dijo que podían venir a comer a su casa un día de estos, y no había nadie que llevar a comer a su casa.
Tomamos una decisión, acertada pensé entonces, ahora tengo mis dudas y no sé si fue lo más correcto, o si más allá de ser acertado lo hicimos de la manera más apropiada. Fuimos a él y le hablamos, le preguntamos, le presionamos y acabamos por confesarle que sabíamos que mentía y que terminase por reconocerlo de una maldita vez. Lo hizo, pero al final, al borde del precipicio, al borde de la absurda amenaza de que si no lo hacía se quedaría solo, que dejaríamos de estar ahí para escucharle. Que irónico que fuese precisamente una mentira lo que le hizo salir de la suya propia, nunca habríamos permitido que se quedase solo.
Las lágrimas empezaron a correr por su rostro, las palabras apenas salían de su boca y tímidamente se escuchaba un "lo siento" que no debía ser para nosotros sino para sí mismo. Le abrazamos para que supiese que seguíamos ahí, que todo seguía igual ... y todo siguió igual, poque lo único que conseguimos fue que cambiase su dramática mentira por otra más light que venía a justificar a su hermana mayor.
El resultado de esta historia es que con los días, con las semanas venideras tomó un camino que le separó definitivamente de nosotros y de nuestras vidas, un camino hacía una nueva mentira que le alejase de su mayor tormento, ser quien no quería ser, ser alguien que se repudiaba a sí mismo cada vez que se sorprendía mirando a los que son como él y no a las que debía mirar con deseo.
No sé si fuimos nosotros, todos, los que tuvimos las culpa de que él tomase una decisión que vestida de hábito negro, se dedique a vertir mentiras sobre los fieles sin que estas sean cuestionadas, mentiras que vienen de boca de un hombre de Dios.
Las mentiras, pienso ahora, son mala cosa cuando están hechas a drede y con una clara intención de perjudicar a alguien. Luego hay otras, las que solo sirven para que alguien se sienta mejor consigo mismo, para que alguien ponga en su vida la emoción que no es capaz de encontrar en la realidad de cada día. Nos sentimos protagonistas de libros antológicos, de películas cargadas de mensajes ficticios que nos acercan a una realidad que consideramos más bella, o más excitante ... pero no dejan de ser sensaciones controladas por nuestra mente que nunca, o casi nunca, salen a la luz; donde otros te juzguen, donde otros te hagan ver que ese mundo solo existe en tu cabeza y que los demás no tienen porqué ser partícipes de tu fantasía.
Ahora me pregunto ¿Somos quienes para cargarnos el libro no escrito que alguien nos cuanta como propio, aún a sabiendas de que este no existe, si no le hace daño a nadie? En mayor o menor medida todos somos un poco mentirosos.
miércoles, 17 de octubre de 2007
Al menos una vida

Ayer era un día como otro cualquiera, pero para ti y para mi no lo era. Hace tiempo que nos conocemos, mucho, quizá más de diez años, no lo sé, no lo recuerdo. Recuerdo tu cara de entonces, tus palabras de entonces, tu sonrisa de entonces ... pero no tengo muy claro cuando aparecieron, tendría que pensar mucho, acceder a tu recuerdo a través del recuerdo de lo que hacía con otra u otras personas, y no es así como quiero llegar hasta ti. Lo que sí que recuerdo es que hoy, hace seis años y a pesar de conocernos de antes, nos encontramos por fin.
El día que me descubrí pensando en ti quise taparme la cara con una bolsa de basura negra, tupida, como sin con la luz del día se fuese a marchar también el mundo, como si con el mundo se marchasen también mis sentimientos por ti. Desde el día que me sorprendí pensando en ti, no he dejado de hacerlo ni un solo día.
Ayer trabajamos, tú y yo. No pudieron repetirse escenas de otros años en las que me despertaba el amarillo intenso de un falso sol de papel que habías colgado del balcón, solo para mi. No pudo repetirse una mañana llena de besos y sexo, una cena cargada de conversaciones y alcohol donde acabamos confesando de nuevo lo que sentimos y ampliamos la prórroga un año más, hasta el año próximo. A pesar del trabajo, está claro que no podías dejar atrás esa maravillosa insolencia tuya de ponerme la cara a parches de colores, y cuando menos lo esperaba, me llaman para un asunto urgente que resultó ser un tipo, cansado ya de buscarme por tan enorme lugar, cargado con un precioso ramo de rosas. En ese momento quería que me tragase la tierra, luego quería que me tragase contigo dentro.
No sé el tiempo que durará esta locura de amor y besos, de anhelo, de costumbre, de risas, de pies, de caricias ... no sé lo que durará y no quiero pensarlo, pero casi sin darnos cuanta ya van seis largos y preciosos años, quien nos iba a decir.
El mundo sigue dando vueltas como loco, esa es su misión, y tú sigues poniendo mi vida al revés y sorprendiéndome cuando menos lo espero como si el tiempo no hubiese pasado. No es fácil decir para mi lo que significas en mi vida, debía bastar con decirte que no sé si sabría inventar un solo día en el que no estuvieras en ella. No me gustan los tópicos, tú lo sabes más que nadie, no me gustan los "no podría vivir sin ti", suelen ser mentira, los "no soy nada sin ti", porque ya eras alguien antes de que nada ni nadie entre en tu vida, pero si que existen los deseos, esos conviven con nosotros y son los que la mayoría de las veces nos hacen seguir adelante. Y tu, eres mi mayor deseo, el más amado, el más recóndito, el más preciado ... hoy deseo que siga siendo así, al menos una vida entera más.
lunes, 15 de octubre de 2007
Tras el puente

El puente ha pasado en un abrir y cerrar de ojos. Sueño atrasado, remoloneo en la cama, paseos, cañas con los amigos, comida basura (o rápida, o de último minuto), tequilas, sal y limón, series, películas, teatro (risas, sorpresa, magia ... me encantó), más cama. Es increible la de cosas que se pueden hacer en un par de días, la de cosas que seguro he dejado de hacer y podía haber hecho.
La últimas semanas, al despertar, se han convertido en una auténtica sorpresa, una apuesta diaria que me hago a mi misma sobre lo que me voy a encontrar al asomarme por la ventana que se esconde tras la cortina. ¿Sol o nubes? Por ahora prefiero los días nublados, si acaban derramando agua mejor. El sol, aún así, se niega a abandonarnos. Cuando sale lo hace como una herida que está curando y pica, y marea, y sudas ... en estos momentos añoro un poco de nubes y humedad donde esconderme tras sus matices grises y que el paisaje acompañe a mi mente.
El sábado me dijo un amigo que últimamente estaba muy volatil, le pregunté a qué se refería exactamente, no quiso o no supo contestarme. Pensaré acerca de ello, no me siento así pero me provoca curiosidad que usase justo ese termino.
Suponiendo que haya aplicado esa palabra en todo su sentido, o todos sus sentidos, me encontraria con:
1- Que pueda o puede volar
2- Dicho de una cosa: Que se mueve ligeramente y anda por el aire (átomos volátiles)
3- Mudable, inconstante
4- Dicho de un líquido: Que se transforma espontáneamente en vapor
Aplicando todos mis sentidos y haciendo uso de todas las posibibilidades he de decirle, si se refiere a cualquiera de estos conceptos:
1- No puedo volar físicamente, solo con la imaginación, antes lo hacía en sueños pero hace meses que no ocurre.
2- Suelo andar rápido, como si llegase tarde (a eso me han llevado las prisas y el trasiego de gente, creo que he olvidado cómo se paseaba), y en ocasiones estoy en las nubes, sí, aunque nada que ver con átomos volátiles.
3- No hago mudanza con facilidad, no digiero bien los cambios. Solo soy inconstante con aquello que no me importa, como todos, supongo.
4- Definitivamente ha de tratarse del líquido que espontaneamente se trasforma en vapor. Este sol de agosto prolongado me descompone el ánimo, lo hace añicos y tengo que adaptarlo a las nuevas circunstancias, las que me encuentro tras retirar la cortina y que el amarillo venza al gris. Me volatilizo y me dejo llevar, ya caerán mis gotas de nuevo en la cama con el frio de la noche y, de nuevo condensada, esperaré no volatilizarme en un nuevo y precioso día en que el amarillo venza al gris.
domingo, 7 de octubre de 2007
In my secret life

Que la voz medio ronca, medio aterciopelada de Leonard Cohen araña almas, quiebra corazones, no es para mi ningún secreto. A mi estado anímico al menos, le ocurre. El Cd gira para detenerse de pronto el tiempo en una canción, comienza la música y aparece su voz, y con ella ... se detiene mi mundo.
El techo azul de reflejos dorados bajo el que avanzaba mi coche se agotaba lentamente para adentrarme en una cúpula extraña de nubes grisáceas que se mezclaban con algodones rosáceos de feria infantil. Las palabras iban saliendo por su boca como susurros y su vida secreta me trasladaba a la mía, donde suelo refugiarme en sueños de papel o en cleenex de melancolía.
En mi vida secreta no hay decorado fijo, el mundo se convierte en mi Dogville particular donde empujo cajas y arrastro muebles que se transforman en verdes prados a veces, oscuros bosques nevados otras, donde llueve cuando quiero mientras tomo el sol bajo el amparo de un arco iris perfecto, donde puedo ver el sol de perfil.
En mi vida secreta no vuelves a sentirte sola, criticada, arrugada, perdida; los años se cuentan por sonrisas y los paseos por viajes inolvidables en los que disfrutas de la compañía de quien siempre amaste y que siempre le costó tanto corresponder con hechos ese amor; en mi vida secreta no hay fuegos que apagar, tampoco queda ninguno por encender, no existe la rutina porque el cambio dejó de ser una palabra que daba miedo, porque las cosas nuevas se viven con sorpresa, porque las cosas viejas se disfrutan como un buen vino añejo.
En mi vida secreta no hay sitio para las balas porque no hay sitio para el poder, no hay sitio para la hipocresia porque no hay sitio para la mentira, no hay sitio para el abuso porque no hay sitio para la subestima, para la dependencia, para cantidades de alcohol desproporcionadamente nocivas.
En mi vida secreta no existen los gritos, salvo los que son para festejar algo, no existen los golpes, salvo los que son dados en la espalda para expresar orgullo, o con un chupito de tequila en la barra de cualquier antro, no existe el dolor, salvo el que provoca en mi mandíbula el no dejar de sonreir.
No existen conversaciones pendientes con espinas clavadas en el estómago porque ya está todo hablado, no se disfraza de amor y amistad la oportunidad de no tener que hacer las cosas solo. En mi vida secreta digo las cosas que ahora callo, silencio las cosas que nunca debí haber dicho, soy valiente cuando tengo miedo y solo tengo miedo, durante unos segundos, cuando vuelvo cada día y mi vida secreta se aleja de mi. Dura lo que dura una canción, pero existe, en algún lugar, y mientras exista trataré de trasladarla algún día a este otro mundo, para que así deje de ser secreta.
sábado, 6 de octubre de 2007
Animal de costumbres

Cuando tenía 17 años, más o menos, descubrí una frase de Lennon que por la época en que la leí trastocó un poco mi mundo: "Nos pasamos la vida esperando que nos suceda algo, y lo único que pasa es la vida", o algo así. Puede que la hubiese leido antes, no lo sé, el hecho es que hasta aquel momento no tomé conciencia de lo que trataba de decir, o almenos esa serie de palabras unidas cobraron un sentido especial para mi que hizo que cambiase el chip con respecto a muchas de las cosas que me rodeaban.
A veces pienso que la vida está cargada de mensajes subliminares, como un guión en el que apenas tienes líneas, pero que está cargado de subtexto, donde puedes conseguir que el personaje pase de decir tres simples frases a convertirse en alguien fundamental para el desarrollo de la escena, solo con la pose, la intención, la mirada, los silencios ...
La vida está cargada de palabras escondidas, de llaves magistrales que se hacen más o menos visibles a nuestros ojos según el estado anímico en el que nos encontremos. Podemos escuchar las mismas cosas miles de veces, estar en miles de sitios que, de pronto, serán transcendentales para nosotros porque la llave entra al fin en la cerradura que hay en nosotros y que, quizá, permaneció cerrada durante demasiado tiempo.
Es como cuando desconoces una palabra, o una canción, o un autor; de pronto un día oyes hablar de ello y como si se abriese un nuevo mundo para ti empiezas a escucharlo por todas partes, y te preguntas: ¿Realmente siempre estuvo ahí y yo no podía verlo? ¿Cómo puede ser que desconociese algo que ahora aparece por todas partes? Quizá siempre existió aunque nunca le dimos demasiada importancia, no era nuestro momento.
A veces las horas pasan, los días pasan y no somos conscientes de ello. La noche precede al día, el día da paso a la noche, y en medio estamos nosotros, llenando nuestro tiempo con cafés, palabras, trabajo, tabaco, películas, sexo ... más tabaco. De repente nos levantamos un día y algo nos hace sentir un pequeño pellizco en la barriga, algo reconocible, algo que nos dice que algo va mal y que por más que nos empeñemos en mirar para otro lado seguirá ahí, hasta que termine por dar luz a nuestra maltrecha cabeza asomándo una leve idea de lo que va mal y nos hace sentirnos así. A veces pienso que somos los últimos en enterarnos de lo que nos está sucediendo. Descubres que algo te hace sentir huraña, antipática, melosa, nerviosa, dicharachera, eufórica y tratas de ponerlo en conocimiento de alguien, quizá, cercano a ti. Entonces, te llevas la gran sorpresa de saber que hace tiempo que habían notado que algo te venía sucediendo, unas veces con conociemiento de que era aquello que te hacía sentir así, otras, solo sospechándolo. Tú, mientras tanto, solo dejabas que pasase la vida.
Últimamente la rutina de mucha de la gente que me rodea se está tambaleando sobre un hilo muy fino a punto de romperse. Algunos ya se han roto, y luchan por saltar sobre la red de seguridad y alcanzarlo de nuevo, hay que tener cuidado, la red también puede romperse y no es bueno decir aquello de: "Esto ya no puede ir peor". Todo esto hace que piense mucho, en ellos, también en tu propia vida y que tal te va todo ahora. Hace que recuerdes aquellos momentos en que a ti te fué de una manera más o menos parecida, para tratar de entender mejor aún cómo se sienten, para intentar explicar que de los pozos oscuros también se sale, aunque hay una cosas que tú aprendiste y que no debes olvidar, que todo llega a su debido tiempo y que nadie escarmentará en cabeza ajena. Hay que hacer uso de la paciencia pues, el que habla y el que escucha.
No sé si todo esto es producto del Otoño, del cambio de sigla en la edad, de escuchar una nueva palabra y que se abra un mundo nuevo ante ti. De cualquier modo, lo único que pasa es nuestra vida, pero la vida que pasa no es tan simple como a veces nos creemos, ni tan monótona, ni tan trivial. Si así fuera, no nos daría un toque de atención de vez en cuando para que le prestásemos más atención, no la echaríamos tanto de menos cuando de pronto un día alguien, o nosotros mismos, decidimos terminar con ella, no nos jodería levantarnos un día con un pequeño pellizco en la barriga que nos hace pensar que algo va a perturvar en breve la calma-rutina que llevas por vida.
En realidad, pienso que muchas veces tenemos miedo al cambio. A no poder imaginar cómo será nuestra vida sin un factor culquiera que hasta ese momento se había constituido como centro, o pilar básico de ella. El hombre es un animal de costumbres, y como tal, le aterra todo aquello que suponga un cambio radical en su vida, aunque eso sea lo que desee, aunque sepa que podría ser más feliz con ello.
viernes, 5 de octubre de 2007
Mago de Oz
Sentada, en el nuevo sofá del nuevo piso de una amiga, me quedaba ensimismada mirándo el ir y venir de coches a la gasolinera que tiene justo en frente. Los coches llegaban continuamente, avanzaban, llenaban sus depósitos y volvian a marchar para dejar su hueco en la cola de espera a otro coche. Por unos minutos no escuchaba apenas la conversación que se estaba produciendo, era como un movimiento hipnótico de piezas, que vistas desde arriba, se dedicaban a desplazarse las unas a las otras simulándo un péndulo extraño que golpease sus piezas en una sola dirección. Mi mente comenzó a divagar acerca de las miles de cosas que hacemos de manera individual y simple y que sin embargo forman parte de un gran engranaje de pequeñas cosas que, junto a la nuestra, forma un extraño ciclo de repetición imperfecto que tiene, evidentemente, consecuencias mayores de las que nosotros imaginamos o afrontamos cuando somos las protagonistas de la acción en sí.
Hasta aquí, pensaba, todo tiene su lógica. Formamos parte de un mundo donde creamos un sistema para el que servimos y que a su vez nos da un servicio. Nadie dice que este sea justo, por supuesto ni recibimos lo que damos, ni siempre damos lo que recibimos, ni tenemos todos lo mismo, ni recibiremos lo mismo cuando salgan los nuevos frutos de la unión de acciones individuales que forman una nueva máquina de la vida cotidiana. El problema, para mi, surgía cuando ... no de las muchas acciones de seres individuales se producía un resultado o consecuencia, sino cuando de la acción de una sola persona, de una sola cabeza que, situada estratégicamente en el sitio adecuado, podía hacer interferir a su antojo en nuestras vidas, en nuestras rutinas, en nuestras futuras colas de espera ... me acordé de los mosqueteros y de su eslogan, aunque un poco cambiado por mi cabeza: Todos para UNO, UNO que decide por TODOS ... y me dió escalofríos pensar en esa sórdida realiadad, a veces prefieres mirar solo en el interior de cada pequeño vehículo y que este te traiga historias de hacia dónde van de vacaciones, de si llegan tarde al trabajo, o de si pedir el divorcio a su marido cuando esta tarde llegue a casa, esas son las cosas que humanizan el sistema, ya que, visto desde arriba, como yo lo vi, desaparecen las personas y solo es una gran máquina con miles de piezas que la componen cada día, que funciona y que esto trae unas consecuencias negativas para muchos, muy positivas para otros pocos.
Si nos encontraramos con la cabeza gigante, con el Gran Mago de Oz ... ¿Qué le diríamos? ¿Seríamos capaces de hacer que nos escuchara?
Hasta aquí, pensaba, todo tiene su lógica. Formamos parte de un mundo donde creamos un sistema para el que servimos y que a su vez nos da un servicio. Nadie dice que este sea justo, por supuesto ni recibimos lo que damos, ni siempre damos lo que recibimos, ni tenemos todos lo mismo, ni recibiremos lo mismo cuando salgan los nuevos frutos de la unión de acciones individuales que forman una nueva máquina de la vida cotidiana. El problema, para mi, surgía cuando ... no de las muchas acciones de seres individuales se producía un resultado o consecuencia, sino cuando de la acción de una sola persona, de una sola cabeza que, situada estratégicamente en el sitio adecuado, podía hacer interferir a su antojo en nuestras vidas, en nuestras rutinas, en nuestras futuras colas de espera ... me acordé de los mosqueteros y de su eslogan, aunque un poco cambiado por mi cabeza: Todos para UNO, UNO que decide por TODOS ... y me dió escalofríos pensar en esa sórdida realiadad, a veces prefieres mirar solo en el interior de cada pequeño vehículo y que este te traiga historias de hacia dónde van de vacaciones, de si llegan tarde al trabajo, o de si pedir el divorcio a su marido cuando esta tarde llegue a casa, esas son las cosas que humanizan el sistema, ya que, visto desde arriba, como yo lo vi, desaparecen las personas y solo es una gran máquina con miles de piezas que la componen cada día, que funciona y que esto trae unas consecuencias negativas para muchos, muy positivas para otros pocos.
Si nos encontraramos con la cabeza gigante, con el Gran Mago de Oz ... ¿Qué le diríamos? ¿Seríamos capaces de hacer que nos escuchara?
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