miércoles, 14 de noviembre de 2007

De regreso a mi pueblo


Me he ausentado un tiempo de este espacio ya que he pasado los días libres de que he dispuesto en mi pueblo. Hacía tiempo que no iba por allí, un par de meses quizá. La hora aún no había cambiado y nuestro ciclo solar era mayor, más horas de luz, más calor, más gente en las calles.
Crecí en un pueblo del interior, un pueblo donde casi nunca pasa nada y las cosas que ocurren, muy de vez en cuando, solo aparecen en las páginas de sucesos o de fenómenos meteorológicos o geológicos extraños. Cosas que en cualquier otra ciudad están a la orden del día, allí no lo están. La calma monótona que rodea sus calles salpica a los pueblos de alrededor, y el divorcio de una vecina no solo es objeto de comentarios y entretenimiento de moda por unos meses, sino que además es considerado casi fenómeno paranormal para la mayoría de los lugareños, incluso los más jóvenes, que a pesar de hablar del tema con una aparente normalidad, no dejan de tener el tema como cabecera de su conversación, hay poco más allá de lo que hablar.

Cuando pasa el tiempo, y mi coche se adentra poco a poco por las primeras calles de mi pueblo, en un nuevo regreso, la realidad de sus calles, de su gente, choca en mis ojos dándome la sensación de estar adentrándome en un lugar aparcado en el tiempo. Las mismas casas, las mismas caras, las mismas ropas, los mismos grupos de ancianos sentados al ardor de los últimos rayos de sol que penetran en el parque, donde ven el tiempo pasar mientras conversan o juegan a la petanca. Trato de recordar cómo eran las cosas cuando yo vivía allí, la imagen del recuerdo que se forma en mi cabeza es la misma, las mismas imágenes (quizá con otras caras, entre ellas la mía), pero las sensaciones eran otras.
Siempre quise vivir fuera, tenía la sensación de que aquel sitio me quedaba pequeño, estrecho, como unos zapatos que tras estrenarlos tratas de adaptar a tus pies, pero no puedes evitar las rozaduras, el escozor, el ansia por correr descalza, por llevar algo con lo que te sientas más cómoda. Siempre supe que quería vivir fuera, pero era algo que sabía, no que necesitaba. Cuando pasas mucho tiempo lejos de sus calles, de sus costumbres, de sus horarios; la vuelta supone un choque impresionante. Pero es un pueblo que absorve, puedes llegar con ideas, y cambios, y mil cosas en la cabeza que van apagándose, fundiendose si pasas demasiado tiempo viviendo allí, la monotonía del lugar se apodera poco a poco de ti, de tu estilo de vida, y acabas siendo una triste sombra más que vaga por sus calles, que vive entre cuatro paredes cuando anochece (aunque esto suceda a las seis de la tarde). Te atrapa y acaba consiguiendo que vivas cómoda en ese esquema carente de miles de cosas, que antes vivían en tu cabeza y que ahora recuerdas como algo lejano. Dejas de pensar las cosas, la de cosas que se pueden hacer en otros sitios a esas horas, un martes a las nueve de la noche, y te acostumbras a la calma que da el silencio en las calles vacías, el sonido de la televisión, ventana tras ventana, calle abajo, el olor a comida que asoma por las rendijas de las puertas camino a casa.

Anoche quedamos para tomar algo los de siempre, los que aún viven allí, los que vamos de vez en cuando. Sobre las nueve y media conducía por las calles de mi pueblo vacio en busca de mi cita posterior. No había gente, no había apenas coches circulando, no había ruido. Apenas son dos o tres los bares que a esas horas puedes encontrar abiertos, o con pretensiones de quedar abiertos más allá de las doce de la noche. Cuando llegamos al sitio donde nos tomaríamos algo el panorama me pareció desolador. Miles de watios de luz, pantallas de televisión planas, panorámicas, emitiendo videos musicales, música de fondo ... era un bar, un pub más de los que puede haber a patadas por todas parte, practicamente vacio. Apenas había una pareja sentada al fondo y un par de tipos apoyados en la barra dándo conversación a la camarera, una chica con muy malas pulgas que servía a desgana y que deseaba fervientemente que nos largásemos de allí cuanto antes, supongo que ella también quería pertenecer al ritual mayoritario y disfrutar de unas horas de tele y casa antes de dormir.
Cuando no has salido de allí nunca, tu vida se encierra en los límites que tu pueblo, o los pueblos cercanos, te ofrece. Las cosas que allí suceden, por muy livianas que sean o por más que en cualquier otro sitio pasasen desapercividas, encierran tu mundo y destacan por encimma de todo, haciéndote ver la vida con otra perspectiva. El resto de las cosas posibles pasan a la categoría de ficción y son vividas a través de la pantalla del televisor, acercándolas a tu propia vida a retazos, haciéndote vivirlas como un cuento imaginario de realidad virtual, sin moverte del sillón de casa. Cuando vuelvo y observo, pienso en la de cosas que se están perdiendo, en la de gente que no conocerán nunca ... pero ese mundo absorvente acaba por atraparte, por limitarte de manera indolora, por hacerte caer en una ensoñación que te hace pensar que tienes todo lo que necesitas. Realmente tienes todo lo que necesitas. Es un mundo cerrado, sí, lleno de cotilleos malintencionados y de juicios de valores que pertenecen a otro siglo, en ocasiones, sí; pero tan sencillo, tan simple, que llega casi a asustar cuando accedes a él desde el otro mundo. El mundo de las grandes ciudades, de los ruidos, de las ambulancias, de los tirones de bolso, del teatro, del ajetreo, de las largas colas, de las carabanas.

No sé si algún día regresaré allí para quedarme, no sé si algún día me dejaré atrapar por su silencio, por su vida sencilla, por las conversaciones llenas de cosas pequeñas, casi triviales, que allí son capaces de convertirse en armas de destrucción masiva para la reputación de alguien. No sé si algún día regreseré para quedarme, y no como visitante ocasional que vuelve a la busqueda de el cariño y los momentos de los que aún viven allí, familia y amigos, pero hoy no estoy preparada. Hoy no puedo ni quiero dejarme atrapar por su monótona calma y sus calles invernales desiertas. Hoy solo veo personas que piensan que el mundo es lo que ellos ven, lo que viven cada día, y el mundo es enorme, el mundo son ellos y miles, millones de cosas más, y a mi me encantaría conocer gran parte de ellas antes de, quizá, pasar mis días viendo las horas pasar, frente al televisor.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Lo que somos por dentro

Hoy he despertado con un terrible dolor de cabeza, era como una aguja torpe que no terminaba de encontrar la diana, el sitio justo, el cartílago, la vena donde clavarse. Era como una punzada aguda condenada a repetirse una y otra vez pasando casi a la categoría de dolor perpetuo, pero con esa mísera inconstancia de apenas unas milésimas de segundo de tregua que lo convierten en punzada.
Era en el lado derecho, cerca del oído ¿Significará algo el lado en el que esté y la zona que abarque? Ella está segura de que los dolores corporales son una especie de reflejo de que algo va mal en nuestro interior. Por ejemplo, si te duele la boca significa que el poder creativo que llevamos dentro ha de salir al exterior para ser expresado en formas físicas; o si padeces del estómago, este refleja nuestras experiencias, de manera que si alguien come demasiado rápido, con precipitación significa que hace las cosas sin pensarlas demasiado, es el ruido de la mente que no para ni un instante.
Bien, pues a mi me dolía la cabeza, siguiendo la línea de este juego que a mi me parece un poco absurdo (no digo yo que los dolores físicos no puedan producirse como reflejo de nuestro interior, solo que pienso que debe ser algo más complejo y que no los mismos dolores han de significar las mismas fragilidades del alma ni todos los dolores físicos han de conllevar un desarreglo interior, que la úlcera es úlcera este provocada por la ansiedad y el estrés o por la mala alimentación y las costumbres insanas) el motivo es que existen cosas por aclarar dentro de mi, como placas tectónicas que chocan porque no se acoplan y esto provoca el dolor. No está nada mal, supongo, todos tenemos algunas cosas de mayor o menor índole que no nos encajan, o que nos gustaría que fuesen de otra manera, pero la verdad es que esto hubiese funcionado igual si lo hubiese leído en la vesícula, en el pecho o en un horóscopo. Quiero decir, que hay cosas tan generales, tan universales, que nos afectan a todos (y que en mayor o menor medida siempre están ahí) que es fácil hacer pronósticos al respecto que cuando nos cojan un poco bajos de moral nos resultarán incluso asombrosos y nos harán buscar ahí la solución a lo que nos rodea, desgraciadamente en la búsqueda no se hallan más que preguntas sin respuesta.

A veces se frivoliza tanto con según que temas, se comercializan tanto, se exprimen tanto, como si fuesen fenómenos que nos quedan tan lejos, en otra dimensión, que nos alejamos de las cosas espiritualmente importantes, como nosotros mismos y nuestro equilibrio mental. Probablemente la mayoría de incrédulos del mundo (y digo la mayoría, no todos) son personas que en alguna ocasión se han sentido estafadas o han visto como estafaban a alguien de su entorno con historias inventadas sobre la capacidad de la mente, la fuerza de los astros y la energía regeneradora de los chakras. Entonces, todo se convierte en una mentira, todo forma parte del espectáculo de brujas y magos ficticios y el mundo no es más que un gran globo que por casualidad flota marcando su rumbo sobre unos raíles imaginarios que lo sustentan y que nosotros calentamos a velocidad de microondas.
Es evidente que lo que tenemos dentro nos afecta, llamemosle alma, llamemosle mente ... lo que somos por dentro nos afecta. El cuerpo humano no es más que una máquina perfecta (sí perfecta, para mí no hay nada más perfecto que el funcionamiento de un ser vivo por dentro) que mediante varios procesos físicos, químicos, matemáticos ... nace, crece, se relaciona con el medio que le rodea, puede llegar a reproducirse, y muere. A pesar de lo complejas que son algunas de las reacciones físico-químicas que se producen en nuestro interior, algo más complejo aún es lo que realmente nos define, que no es ni nuestra digestión, ni nuestro abrir y cerrar de ojos, sino nuestra personalidad, lo que somos por dentro.
A menor escala, si discutimos con alguien se nos nota en el trato con los demás, incluso puede que esto comprometa nuestro apetito. Si nos dan una agradable sorpresa, evidentemente esto afecta a nuestra relación con los demás, y también puede que potencie por mil nuestro apetito. Si pequeñas cosas pueden afectar no solo anímica sino físicamente a nuestro organismo, cómo no iban a afectarnos grandes traumas, inconvenientes que trastoquen nuestro mundo, como no iban a provocar tal afección sobre una parte de nuestro cuerpo que, castigada continuamente, sea más débil y por tanto más fácil desarrollarse si se diera el caso una enfermedad.

Está claro que lo que nos ocurre por dentro nos afecta fuera, nos afecta físicamente. Pero me niego a creerme a aquellos que se empeñan en absolutizarlo todo, de dar un significado metafórico a todo, y digo TODO, lo que te sucede, como si pudiéramos permitirnos hallar la analgesia para un dolor de muelas leyendo el horóscopo.
Mi dolor de cabeza ha desaparecido, pero yo sigo siendo quien soy por dentro, nada ha cambiado hoy tras el cese del dolor.

martes, 6 de noviembre de 2007

La homosexualidad tiene cura


Hay miles de cosas que necesitan cura, están las que afectan a nuestro organismo: cáncer, deformaciones celulares, enfermedades crónicas, alergias... Están las que afectan a nuestra mente: neurosis, psicosis, esquizofrenia... Están las que afectan a nuestro ego: intolerancia, demagogia, verborrea descontrolada... Hay miles de cosas que necesitan cura, sí, cosas que afectan a nuestro cuerpo y a nuestra mente, cosas que afectan a los que nos rodean que sufren por y con nosotros, cosas que nos afectan a la hora de relacionarnos con los demás, porque seamos demasiado exigentes con ellos, porque seamos lo suficientemente pedantes como para que no aguanten más de dos minutos seguidos hablando con nosotros.
Pero, de todas aquellas cosas que rodean nuestra vida y que quizá necesiten una gran o pequeña cura, jamás se me ocurrió que el hecho de que alguien decida, de manera libre y mutuamente pactada, acostarse con otra persona sea algo que necesite cura. Mucho menos podía asomarme a la cabeza el hecho de que esa cura ha de llegar de manera inmediata si con la persona que te acuestas, además, es de tu mismo sexo.
Pues parece ser que estaba equivocada. Al parecer el gobierno de la Rioja, como no del PP, ha decidido enviar a los institutos públicos de secundaria lotes de libros en los que, entre otras cosas, pueden leerse perlas como que la homosexualidad es una enfermedad que tiene cura, ver el capítulo: La homosexualidad, conocerla y cómo curarla.
Al parecer el hecho de que ames a alguien de tu mismo sexo, o no le ames (no nos pongamos puritanos ahora), el hecho de que tengas atracción por personas que comparten genitales contigo es una enfermedad, crónica supongo, pero que tiene cura. Supongo que este tipo de libros donde, además de tratar la homosexualidad como una enfermedad, se exaltan los méritos y los tiempos del Generalísimo y se compara la Revolución Francesa con los maltratos con los que la Inquisición convertía a los herejes, son los que a los jóvenes de nuestro país les hace falta leer en lugar de las cosas que puedan aprender en la "denostada y patética" asignatura de Educación para la Ciudadanía. De hecho, libros como estos, de marcada tendencia ultra derechista, deberían ser nuestro libro de cabecera (junto a la biblia), libros en los que nos digan cómo debemos tratar como infames bichos raros a todo aquel (o aquella) que tenga el más mínimo apetito sexual por aquellos que son como él, por Dios Santo eso seguro que es antinatural!!!! Eso sí lo consideran antinatural, pero no consideran dañinas cosas como discriminar, señalar con el dedo, mentir (sobre el 11M, sobre el Yak-42), inventar realidades paralelas que dejen al país atontado y a merced de unos cuantos obispos y tipos con traje, camisa a rayas y corbata.

Hay muchas cosas que necesitan cura, una de ellas son las mentes enfermas de los que no piensan, de los que creen que existe un cliché de vida, una sola forma de amar, un solo tipo de familia,una única patria, un solo Dios, una sola religión.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Estado mental

Es dificil saber quienes somos. Es dificil conocer realmente a la gente que nos rodea cada día, pero eso es compresible si pensamos que tampoco es fácil conocernos a nosotros mismos. Podemos hacernos una leve idea que llegue a definirnos a base de costumbres. Podemos hacernos una idea superficial, basada en aspectos como la ropa que nos gusta, el tipo de música que escuchamos, los libros que leemos, las películas que nos dicen algo. Lo empaquetamos todo en un lugar de la mente y compartimos criterios con la gente que nos rodea, hallamos puntos en común. Pero, aún así, es dificil definirnos, definir a los demás.

Hay situaciones, momentos en que hemos de tomar decisiones importante que no siempre son las mismas, dependen de factores como el estado de ánimo, el propio ego, la situación mental en la que nos encontremos. He llegado a tomar decisiones para situaciones absurdas, que no conllevaban ningún quebradero aparente de cabeza, y que sin embargo han conseguido quitarme el sueño debido a que han sido tomadas en una situación de tristeza y estrés personal que para mi, han supuesto un mundo. Otras veces, he decidido cosas realmente importantes, importantes para mi y para el debenir de mi vida, y lo he hecho sin pestañear, porque en ocasiones las cosas, las situaciones te vienen de cara y pareciera que no hay nada que pueda detenerte. Es dificil saber quienes somos, y más dificil aún saber cuando tomaremos la decisión correcta.

Ella siempre me dice que estamos cargados de yoes, yo tomaré sus palabras porque me parecen las más acertadas para definir la capacidad que tenemos para ser personas diferentes, siendo la misma persona, para tomar diferentes decisiones siendo la misma cabeza, que no el mismo razonamiento ni el mismo punto de vista a la hora de llegar a una conclusión. Si nosotros mismos actuamos muchas veces sorprendiéndonos, preguntándonos qué es lo que nos ha llevado a actuar así o a tomar aquella decisión, cómo no iba a sorprendernos el hecho de que otros, que nos rodean y que de alguna manera conocemos, tomen decisiones y actuen de forma que nos haga sentir fuera de juego.
Tendemos a juzgar las cosas que hacen los demás, sobre todo si lo que hacen no es lo que esperábamos de ellos. Quizá nosotros lo hayamos hecho alguna vez, hacer algo que no se esperaba de nosotros, para bien o para mal, pero en nuestra cabeza se produce algo que no nos ocurre con los demás: la conversación entre yoes. La puesta a debate de la decisión última y el quebradero de cabeza de porqué terminamos haciendo esto y no aquello, para terminar de alguna manera justificándonos (por el estado de ánimo, porque no había otra opción, porque nos salió impulsivamente). Este proceso no siempre es válido para los demás, porque no siempre tenemos esa capacidad de introducirnos en su cabeza y razonar, poniéndonos en su pellejo, porqué tomó una decisión y no otra; a veces lo conseguimos, saber qué le llevó a hacer una cosa y no otra, pero eso no signfica que lo entendamos y que tengamos que justificarlo, porque hay cosas que no tienen justificación, y verdades que no tienen vuelta de hoja.

Hace unas semanas no quería verte, no me apetecía, no tenía capacidad para ser hipócrita y regalarte una sonrisa con dos besos. Había otra opción, no ser hipócrita y poner una cara que me llegase hasta el suelo, decirte lo que pensaba, lo que sentía ... pero tampoco creo que fuese una buena solución, hay cosas que se nos pueden escapar de las manos y hacer que todo se vaya a la mierda, no sé si quiero que todo se vaya a la mierda, de hecho no quiero, pero me gustaría tanto que las cosas cambiasen.
Dentro de unos días es posible que vuelva a verte, aún no lo sé, últimamente no sé nada de ti, ni tú de mi. No sé que harás porque nunca lo dices y cuando decides participar en el juego de los amigos te veo forzado, como si quisieras estar en cualquier parte salvo donde estás. No sé qué es lo que te hace sentir forzado, no sé qué es lo que hace que sientas que ir, es una obligación, que una llamada, conlleva un compromiso, ya somos adultos para saber decir: Hola, tengo planes y no voy a quedarme; o un simple: Hola, estoy por aqui pero no me apetece una mierda veros en esta ocasión, si cambio de opinión os llamo.
No me hubieran importado en absoluto esas palabras porque en ellas hay sinceridad, el hecho de no llamar, de omitir los hechos para no mentirnos, o mentirte, me parece más doloroso.
A pesar de todo esto, es posible que dentro de unos días volvamos a vernos. Esta vez me da igual hacerlo, me da igual verte y besarte en la mejilla. Me da igual porque no puedo exigir sinceridad por tu parte si yo misma no soy sincera, si el hecho de no verte implica no querer decirte a la cara, si surje la ocasión, que estoy dolida contigo. Ahora me da igual verte, y no sé cómo reaccionaré, quizá pase de todo y sonria, quizá me llegue la cara al suelo, quizá te ignore, quizá me preguntes, y si lo haces quiero responderte, quiero decirte qué me ha dolido, pero no para enfadarme contigo, no para pelear, para luchar, para romper sacos de rencor, si es que existen, sobre nuestras cabezas, sino porque el yo que ahora soy, y con el que me siento segura, me pide que sea sincera, para así ser capaz de exigir la misma sinceridad que yo pido. Eso no significa que los demás deban serlo, cada cual es cada quien, simplemente significa para mi que no incurro en el mismo hecho que espero no incurran los demás.

Es dificil conocernos y saber quienes somos, dificil tolerarnos, dificil aceptarnos, dificil decidir qué hacer en cada momento, dificil ser fieles a nosotros mismos pues cambiamos de parecer, de punto de vista, de estrategía continuamente y según se acumulan nuestras experiencias y sentimientos. Es dificil predecir qué haríamos en esta situación o en aquella otra, esto nos crea dudas, en ocasiones temores y dolores de cabeza, pero yo prefiero que sea así, aunque a veces nos haga perder el sueño, prefiero ser muchas cosas, muchas personas y luchar en mi cabeza democráticamente sobre qué es lo que hay que hacer. Prefiero las dudas a ser alguien que lo tiene todo siempre tan friamente calculado, que deja de ser persona para convertirse en un anuncio publicitario, donde todo está confeccionado para que seas tentado, para que te agrade, para que lo desees ... pero si te acercas un poco para descubrirlo, bueno, los decorados casi siempre son de cartón-piedra.

martes, 30 de octubre de 2007

La vida de un emigrante


Hoy en día casi tod@s tenemos cuenta de correo electrónico, la mayoría de los que usamos este recurso tenemos varias, una suele ser formal, es la que usamos para enviar curriculos, y de manera más o menos seria, luego solemos tener una que nos sirve más a diario. Es la que solemos dar a los amigos, compañeros de trabajo y demás para enviarnos chorradas tipo videos locos del youtube y algún que otro chiste. Ayer, al revisar mi correo electrónico, el de pega, el que solo sirve para bromear y pulular por el messenger de vez en cuando, me encontré un correo electrónico de una compañera de trabajo. Uno de tantos, pensé yo, uno de esos en los que ves fotos espectaculares, bromas del Anda ya! o algún que otro correo en cadena que te auguran 1000 año de mala suerte si no lo envias en los próximos días (odio ese tipo de correos, estoy cansada de decir que no me los envien pero todo es en vano). Mi sorpresa fue mayúscula al leer el contenido del mail, contenido que leereis a continuación, literalmente y tal y como lo recibí:

Ahora la cosa ya está así, dentro de 20 años, o menos; ser ciudadano Español de origen Español, va a ser una autentica desgracia...

LA VIDA DE UN EMIGRANTE
¡Qué suerte! Mi hija ya va a la guardería, antes que cientos de niños españoles, gratis y sin esperar cola. Estoy de enhorabuena, me concedieron un piso hace 5 años pagando muy poquito dinero, pasados esos años, lo he vendido y me he llevado a mi país toda la plata y los pobrecitos españoles tendrán que trabajar más para pagar tres veces más y que no se lo den, aunque a decir verdad, para algo tengo más puntos que ellos y si encima denuncias a tu marido por malos tratos, creo que ya te dan la pera de ellos..!! Ayer me regalaron el abono transporte, me vendrá bien ahorrar esos 50 euros. Actualmente, aunque me encuentro cobrando la prologa del paro (REMI), otros 6 meses más por ser extranjera, tengo intención de convertirme en trabajadora autónoma, ya que me han dicho que los 5 primeros años estamos exentos de impuestos. Ahora ya soy trabajadora legal y aprovechando esa ley de reagrupación familiar, podré traer aquí a mis 7 hijos y a mis papitos que van siendo muy mayores para que les cuiden en una residencia de esas que son gratis, ah! también a mi hermanito que allí esta enfermo, que me han dicho que montándotelo bien te dan una ayuda indefinida por incapacidad. Fíjate si serán solidarios los Españolitos, que sabiendo que nosotros somos una población mucho más joven que la de ellos, con seis hijos más de media, ya nos dejan votar en las siguientes selecciones para que podamos gobernar en unos años el país, pero que majos son! Es que son tan generosos!! Lo que no entiendo es por qué se nos dice que contribuimos a la inseguridad, que se hubiesen preocupado de esas personas que blanquean sus antecedentes penales por 100 euros en las comisarías de sus países de origen para poder entrar en España, además, los que delinquen son bastantes menos de lo que la gente se piensan, ya que somos muchos los nacionalizados, y oficialmente figuramos ya en la lista de españoles, por lo tanto no creo que sea justo que ahora siendo ya Españoles se nos tachen de de ello. También nos dicen que estamos formando guetos, y no es cierto, abarcamos ya todos los barrios de las distintas ciudades, ellos son los que se deberían de preocupar de no crearlos. Que cada vez van siendo menos y nosotros más, fíjate, hasta dicen que no ponemos de nuestra parte para integrarnos en este país, que se integren ellos!! Que nosotros que cada vez somos más y no tenemos necesidad de abandonar nuestra cultura! Quiero tener muchos hijos aquí, no entiendo como este país tiene la tasa de natalidad tan baja con la cantidad de ayudas que recibimos.
PREGUNTAS: ¿Crees tú que el emigrante de primera o segunda generación, tiene más derechos, por ejemplo, que nuestros jubilados que se encuentran en los hospitales en una lista de espera mientras atienden a todos los que vienen de fuera? o incluso más que nuestros mayores que levantaron y reconstruyeron el país de sol a sol, tras pasar por una terrible guerra civil y ahora les ha quedado una paga mensual de mierda? Todo ello contando con que les quieran sus hijos, porque sino se ven debajo de un puente por no tener una mísera residencia para ellos que bien seguro se lo han ganado. ¿Que perfil de extranjero crees que viene a España (y no a Portugal o Gibraltar que está a la misma distancia),¿crees que es el del hambriento? Acaso son aquellos que se puede permitir el lujo de dejarse una pasta en el billete de avión? El que paga 6.000 euros a las mafias por traerles a España (toda una millonada en su país? o son esos que vemos en la tele rodeado de moscas? que son los que no pueden cruzar la valla porque no pueden sujetarse en pie, y mucho menos tener una televisión en sus casas donde puedan ver y comprobar, que es la ostia 'emigrar' a España donde allí vale tó?

¡¡DE VERGÜENZA!! NI QUE SEAS DE DERECHAS O DE IZQUIERDAS, LO TUYO, POR DIGNIDAD, YA ESTA BIEN DE QUE SE RÍAN DE NOSOTROS, PÁSALO!


ESCRITO y PUBLICADO EN UN DIARIO GRATUITO DE MADRID.

Al terminar de leer el citado correo no podía terminar de creerme lo que acababa de leer, decir que me parece un panfleto fascista y retrógrado propio de otra época, que me parece apología xenófoba cargada con tintes mezquinos, engañosa y cruel, que solo trata de engañar a los más analfanetos y asustadizos españolitos de a pie y ensalzar ideas racistas y clasistas propias de la derecha más extrema me pareció la conclusión más adecuada a esta agrupación de letras, unidas para formar palabras que leidas en sus totalidad solo engendran injusticia y odio.
Lo que más me preocupa de este tipo de razonamientos xenófobos, si es que se le pueden llamar así, es que no solo forman parte, como muchos de nosotros queremos creer, de una minoría derechista que se manifiesta todos los 20 de Noviembre para celebrar el aniversario de la muerte de Franco. Puede que letras como estas provengan de ahí, pero están escritas a drede para calar en gente que, lejos de aceptar el intercambio cultural, de viajar, de conocer a los que son "diferentes" a ellos, viven una vida que adolece de cambios y dónde estos, no son bien recibidos. Gente que necesita a quien culpar de sus miserias, de las colas en el médico, de la falta de acceso a la vivienda, de que su hijo no encuentre trabajo... y en toda esta lógica preocupación, más allá de culpar a gobiernos, economía o capitalismo incipiente, toman el camino fácil de culpar lo diferente, lo nuevo, de culpar a aquellos que otros les señalan con el dedo como los culpables de que ellos no encuentren la comodidad que anhelan.

Hace poco, en el Hospital en el que trabajo, la sala de espera de urgencias estaba llena de gente. Unos, enfermos, otros (la mayoría) con simples resfriados y gastroenteritis que ya hubieran sido atendidas en sus centros de salud, o en caso de que no hubiese sido el caso, que eran supceptibles de esperar en casa hasta ver al médico de cabecera, porque ir a urgencias para eso solo conlleva que aumente el tiempo de espera, y eso es algo que perjudica a todos, más allá de cómo sea el sistema sanitario español. Pero voy a la cuestión que este es otro tema. El hecho es que con la sala de espera llena hay que poner unos límites, y estos son el intentar que por cada paciente haya solo un acompañante, de manera que sea más cómodo para el paciente, que no tiene ganas de nada y solo quiere estar tranquilo y que lo atiendan pronto. Cuando pretendíamos poner entre unos cuantos orden para intentar que los compañantes de más se fueran de la sala, una señorita (llamémosla así) dijo a voz en grito:

- Lo que teneis que hacer es sacar de la sala a tanto negro y tanto sudaca extranjero para que los españoles podamos sentarnos en la sala de espera con nuestros familiares enfermos.

No pude contestarle porque estaba trabajando, porque me hubiera peleado con ella, y con muchos más que sonreían y pensaban como ella, no pude contestarle porque es absurdo debatir desde la razón y la solidaridad un argumento que viene de la sinrazón y el odio a lo desconocido.

He intentado buscar en internet el supuesto periódico madrileño donde publicaron dicho artículo, no lo he encontrado, lo que si he encontrado es este foro donde alguien pone las mismas palabras que a mi me enviaron por correo, no dejan de sorprenderme las respuestas que recibe ante estas.
Como contraréplica a este tipo de escritos podría dar mi opinión, podría decir los errores en los que caemos si pensamos de esa manera, si juzgamos a la gente por su pais de procedencia, su color, sus creencias, sus tendencias, pero no lo haré. No lo haré con mis palabras porque que ocurran este tipo de cosas me enfandan, me cabrean ... y con esos sentimientos no quiero rebatir palabras tan crueles. Dejo pues unas palabras de Robert F. Kennedy, que creo que dicen con acertada sabiduaria lo que quizá yo diría con excesiva rabia:

... siempre que se rasgue el viento de una vida, que otro hombre ha tejido, torpe y penosamente, para él y sus hijos, siempre que hagamos eso, la nación entera será degradada. Y sin embargo parecemos tolerar un nivel creciente de violencia, que ignora nuestra común humanidad, y nuestras demandas a la civilización. Demasiadas veces celebramos la arrogancia y la chulería, y a los bravucones, demasiadas veces excusamos, a los que quieres construir su vida sobre los sueños destrozados de otros seres humanos. Pero hay una cosa clara, la violencia engendra violencia, la represión engendra venganza, y solo una limpieza de toda nuestra sociedad, puede arrancar este mal de nuestros corazones. Pues cuando enseñas a un hombre a odiar y temer a su hermano, cuando le enseñas que es un ser inferior, por su color, o sus creencias, o las normas que siguen, cuando le enseñas que los que son distintos a ti, amenazan su libertad, o tu trabajo, o tu hogar, o tu familia, entonces aprende también a enfrentarse a los otros, no como conciudadano, si no como enemigos, recibiéndolos no como cooperantes, si no como invasores que subyugan y someten. Y al final aprendemos a mirar a nuestros hermanos como extraños, extraños con los que compartimos una ciudad pero no una comunidad, hombres ligados a nosotros en una vivienda común, pero no en un esfuerzo común. Tan solo aprendemos a compartir un miedo común, solo un deseo común, de alejarse del otro, solo un impulso común, de superar el desacuerdo con la fuerza. Nuestra vida en este planeta es demasiado corta, el trabajo por hacer es demasiado grande para dejar que ese espíritu prospere por más tiempo en esta tierra nuestra. Desde luego, no podemos prohibirlo con militares, ni con una resolución, pero quizás podamos recordar, aunque sea por un momento, que aquellos que viven con nosotros son nuestros hermanos, que comparten con nosotros el mismo corto momento de vida, que solo buscan, como nosotros, la oportunidad de vivir la vida con bienestar y felicidad, disfrutando lo que la satisfacción y el logro les proporciona...

lunes, 29 de octubre de 2007

Al otro lado


He pasado el fin de semana viendo películas de terror. Bueno, en realidad no ha sido lo único que he hecho, no seamos tan estrictos, también me ha dado tiempo a trabajar, mosquearme, tener visita fugaz, reír, comer, pasear, comer otra vez y vomitar, vomitar y vomitar por haber comido tanto y porque mi estómago: perro, malo y sádico donde los haya, no me permite la posibilidad de cualquier humano de cebarse un día a base de comida, cerveza y dulces porque se rinde, se para y deja de digerir ... dolor, nauseas, vómitos y cara de gilipollas mirando en la taza del water aquella tarta que te comiste diciendo: Uhmmmm, deliciosa!!!!!
Pero bueno, aparte de ese pequeño detalle y que hoy solo estoy dispuesta a consumir Aquarius, pase gran parte del fin de semana viendo películas de terror. No es algo que hubiésemos programado, simplemente se fue dando y cuando acordamos estábamos rodeadas de asesinos en serie, maltratadores claustrofóbicos que abusaban de tus miedos para recrearlos y hacerte vivir una pesadilla, casas inteligentes con espíritus atrapados y llamadas telefónicas insistentes que acaban por confesarte "Voy a matarte".
Me encantan las películas de terror, siempre me han gustado, siempre acabo por preguntarme, cuando me encuentro atrapada en ella y camino junto al protagonista por los pasillos de una casa abandonada "¿Que necesidad tendré yo de estar llevándome un mal rato como este?" Porque, realmente lo paso mal (si la película es buena, si la banda sonora acompaña, si no es muy predecible...), pero es mayor el placer que me reporta la adrenalina quemada, el querer huir con los pies pegados al sofá, el querer gritar con la boca tapada por algún cojín, el querer empujar a la victima para que corra, para que mire, para que dispare... que el hecho de estar sufriendo.

El cine de terror de ahora no es como el de antes, la gente ha cambiado, la sociedad ha evolucionado hacia otras cosas y hoy día son diferentes los miedos que tenemos hacia las cosas que los que se podían sentir hace tan solo 10 o 20 años. Incluso ha cambiado el formato de película según estemos tratando el miedo desde una perspectiva u otra. Cuando tocamos la huída, la búsqueda, el desconcierto... hablamos de cine de suspense, nos deja en suspenso, en el aire toda una trama que hemos de ser capaces de resolver antes de que lo haga nuestro incansable compañero de fatigas tras la pantalla. Sufrimos con él y sospechamos de todo y todos, solo nos tenemos a nosotros mismos para salir de una situación angustiante que nos tiene atrapados y que solo con la búsqueda de la verdad estableceremos el orden en nuestra vida. El otro, el cine de terror, sí y solo sí está bien hecho, es un cine más oscuro, un cine lleno de trampas, de muertes, donde los dos planos se cruzan para dar vida a una realidad terrorífica. Dos planos, que no siempre son los mismos, tradicionalmente fueron el de la vida y la muerte, el de los vivos y los no-vivos; los otros dos son el de la locura y la cordura, la delgada línea que separa a una de la otra y que nos hace sentir tan pronto en uno de los extremos como en el otro.
Nuestros miedos han cambiado, sí, hoy día seríamos pocos los que nos asustaríamos con un Frankenstein, quizá algún que otro ¡ay! procedente de una buena combinación entre el aumento de la música y la aparición de una mano que nos toca la espalda cuando no lo esperábamos. Pero eso no dejan de ser sustos ocasionales como el que trata de darte alguien escondido tras una puerta, o alguien que intenta acabar con tu ataque de hipo: aparece, gritas y ahí termina todo, luego incluso puede haber risas.
Hoy en día hace falta más para asustarnos, nos hemos acostumbrado a la sangre, a la guerra, a los asesinos, incluso en lo paranormal, nos encontramos con programas de espíritus y espiritistas con información e incluso guías de comportamiento con fantasmas: No tengas miedo, háblale; mantente firme, tú eres el vivo, tú mandas... evidentemente no nos va a dar por pensar eso viendo poltergeist aunque, quien sabe.
Hoy en día, por lo general, lo que realmente nos aterra es aquello que pensamos que realmente puede llegar a pasarnos. Mientras más dentro entre la historia en nuestra cabeza, mientras mayores posibilidades haya de que te pase lo que le está ocurriendo a el/la protagonista, mayor terror seremos capaces de albergar, mayor identificación con el personaje, mayor sensación de alivio en su alivio, mayor stress en su miedo, mayor miedo ante la posibilidad de perder su vida, y con ella, la batalla. Porque en este punto, no estamos hablando de perder a nuestra pareja, de perder la casa, el coche, el trabajo. No estamos hablando de perder a nuestro hijo trágicamente en un accidente de trafico, estamos hablando de perder la vida, lo más preciado que tenemos, lo único que si perdemos tendrá como consecuencia que dejaremos de existir, dejaremos de ser nosotros, y ahí es cuando sale nuestro instinto de supervivencia, nuestra adrenalina quemada, nuestra capacidad para luchar sin tregua más allá del dolor físico que sintamos.

En definitiva, y aunque parezca mentira, este tipo de cine tiene el objetivo de entretener, de hacernos pasar un buen rato (aunque se trate de un rato de miedo), como las atracciones de un parque temático, adrenalina y gritos por un tubo. Se trata de recrear de manera artificial una realidad que nos haga segregar sustancias que nos hagan sentir las cosas como si verdaderamente nos estuviesen sucediendo, y sintiendo, esto no lo tengo tan claro, algo parecido a lo que sentiríamos en la vida real ... prefiero seguir sintiéndolo al otro lado de la pantalla.

viernes, 26 de octubre de 2007

Lo siento, no hay concierto

Llevo unas semanas volviendome loca intentando encontrar la manera de ir al concierto de Sara Bettens (ex K´s Choice), pero me temo que nos vamos a quedar con las ganas. La única manera de verla es plantarse en cualquier ciudad europea por la que pase (Bruselas, Paris, Amsterdan ...) ya que por España no tiene visos de que toque alguna vez. Habría que conseguir la entrada, conseguir los billetes de avión (y lo más baratos posibles), conseguir que los días encajaran en el curro, los tuyos y los mios, y que a su vez coincidiesen con alguno de los días de concierto en capital de país, tipo bruselas, porque no creo que haya demasiadas compañías de Low Cost que nos lleven hasta Sandweiler o Deventer.
En fin, que aunque todos los días miro mis fechas disponibles, las del concierto, la de los vuelos ... voy asumiendo que lo que empezó siendo una idea loca y maravilosa, casi una sorpresa, acabará convirtiéndose en un desastre cuya consecuencia es que no podremos ir a verla en directo. Siempre nos quedarán sus discos, y el emule, que la mayoría no los editan en España.